Toda esta tradición del Mariquelo comienza el 31 de octubre de 1755 con un tremendo terremoto ocurrido en Portugal, las noticias de la época hablaban de una magnitud de 9 en la escala de Richter. Este terremoto pasó a conocerse como “el terremoto de Lisboa”.
Encontrándose Salamanca lo suficientemente cerca de Lisboa como para sentir los efectos del mismo, la población asustada se dirigió a la Catedral Nueva a refugiarse de aquel fenómeno.
Cuando todo pareció terminar se salió al exterior a calcular los daños. La Catedral Nueva parecía no haber sufrido mucho tras el terremoto, algunas figuras de la fachada se habían desprendido y destrozado al caer, pero aparentemente no se calculaban muchos más daño hasta que alguien se percató de que la torre se había inclinado, hay que tener en cuenta que aunque desde abajo no se percibe con claridad el tamaño de la torre, sí es lo suficientemente grande (100 metros) como para que si ella se desploma parte de la Catedral cedería. Se reforzó en varias ocasiones para evitar males mayores.
Debido a que se realizaba un control de la torre todos los años para ver su estado y si la inclinación aumenta o no, la familia que vivía en la Catedral y que se encargaban, entre otras cosas, de tocarlas campanas cuando correspondiera fueron dando forma a esta tradición.
La familia eran los Mariquelos y cada 31 de octubre sube un miembro a la torre para tocar las campanas, dar gracias a Dios, pedir que no se repita un suceso como el de 1755 y por supuesto evaluar el estado de la torre.
Lo más espectacular es ver al Mariquelo ataviado con el traje charro subir por fuera de la cúpula de la torre y llegar a la bola situada en el punto más alto, una vez situado allí toma su gaita y el tamboril, típicos instrumentos salmantinos, y comienza a tocar.